miércoles, 27 de abril de 2011

El poder de la palabra






Había una vez un hombre que tenía grandes remordimientos de conciencia por haber estado hablando mal de otro, no podía de dejar de darle vueltas en su cabeza y se sentía culpable de las cosas que había dicho. Como no conseguía ver la manera de solucionarlo, fue a buscar a un conocido Maestro para que le ayudara.
Le contó todo lo que había dicho, y lo mal que se sentía, y le pidió que le dijera cómo podía arreglarlo.
El Maestro le escuchó y cuando por fin terminó toda su exposición cogió un papel, escribió el nombre de unas plantas y se lo dio diciéndole:
-Vete al bosque y tráeme cada una de estas plantas.
Cogió el papel y salió corriendo muy contento a buscar las plantas, pensando que era una solución muy sencilla. Cuando las hubo recogido, regresó a la presencia del Maestro:
-Maestro, aquí están las plantas que me pidió. ¿Queda ya restaurado el mal que he hecho?
El Maestro no le cogió las plantas, sino que le dijo:
-Ahora vete y quema las plantas la próxima luna llena.
Se fue, hizo lo que le mandó y regresó muy contento:
-Maestro, aquí están las cenizas, he quemado las plantas como me dijo. ¿Queda ya restaurado el mal?
Y de nuevo el Maestro le dijo:
-Vete al río y arroja las cenizas..
Se fue hacia el río pensando que ya por fin quedaría zanjado el asunto y que después de todo no había sido tan difícil. Volvió a casa del Maestro y le dijo:
-Maestro, ¡ya está! He tirado las cenizas al río. ¿Queda ya restaurado el mal que he hecho?
-Sólo queda una cosa por hacer, le contestó el Maestro, vuelve al río, recoge las cenizas y me las traes.

lunes, 7 de marzo de 2011

Las dos sortijas
















Un hombre que tenía dos hijos murió y, entre sus bienes, dejó dos sortijas. Una de ellas lucía un excepcional diamante, en tanto que la otra era simplemente de plata. El hermano primogénito, nada más ver las sortijas, dijo lleno de avaricia: “Como soy el hermano mayor, no cabe duda de que la sortija de diamantes la ha dejado nuestro padre para mí. En justicia me corresponde”. El hermano pequeño dijo: “De acuerdo, que sea para ti. Yo me conformo con la sortija de plata”.
Cada hermano se colocó en un dedo la sortija y cada uno emprendió su vida por separado. Unos días después, estaba el hermano menor jugueteando con la sortija cuando, de repente, examinó su interior y leyó la siguiente inscripción: “Esto también pasará”.
-Bueno –se dijo-, éste debe ser el mantra de mi padre.
Transcurrió el tiempo. La vida seguía su curso para ambos hermanos. Vinieron los buenos y los malos tiempos; la fortuna y el infortunio; las situaciones favorables y las desfavorables; el placer y el dolor.
El hermano mayor, ante las vicisitudes y cambios de la vida, comenzó a desequilibrarse. Se exaltaba en demasía con las situaciones favorables y se hundía en el desánimo con las desfavorables. Todo le alteraba mucho, de tal forma que tuvo que comenzar a tomar somníferos para poder dormir, a visitar a psiquiatras y a soportar el desorden de su mente. ¿De qué le servía haber vendido el fabuloso diamante de la sortija y con ese dinero haber amasado una colosal fortuna?
También el hermano menor se veía abocado a las vicisitudes de la vida y tenía que afrontar los buenos y los malos momentos, las circunstancias favorables y desfavorables, la alegría y la tristeza; pero nunca dejaba de tener presente la inscripción de la sortija: “Esto también pasará”. De ese modo mantenía una actitud de firmeza y ecuanimidad y no se dejaba arrastrar a estados de exaltación y depresión. Ni se aferraba al placer ni aborrecía el dolor. Estaba siempre en paz consigo mismo y fluía armónicamente con los acontecimientos. ¡Qué magnífica herencia le había dejado su padre!

martes, 22 de febrero de 2011

El barquero inculto

















Se trataba de un joven erudito, arrogante y engreído. Para cruzar un caudaloso río, tomó una barca. Silente y sumiso. El barquero comenzó a remar con diligencia. De repente, una bandada de aves surcó el firmamento y el joven preguntó al barquero:
-Buen hombre, ¿has estudiado la vida de las aves?
-No, señor –repuso el barquero.
Y el joven aseveró:
-Entonces, amigo mío, has perdido la cuarta parte de tu vida.
Pasados unos minutos, la barca se deslizó junto a unas exóticas plantas que flotaban en las aguas del río. El joven preguntó al barquero:
-Dime, barquero, ¿has estudiado botánica?
-No, señor, no sé nada de plantas.
-Pues debo decirte que has perdido la mitad de tu vida –comento el petulante joven.
El barquero seguía remando apaciblemente. El sol del mediodía se reflejaba en las aguas del río. Entonces el joven dijo:
-Sin duda, barquero, y dado que llevas tantos años deslizándote por esta agua, sabrás algo sobre la naturaleza de la misma.
-No, señor. Nada sé al respecto. No sé nada de esta agua ni de otras.
-¡Oh, amigo! –exclamó el joven-. De verdad que has perdido las tres cuartas partes de tu vida.
Súbitamente, la barca comenzó a hacer aguas. No había forma de achicarla y se fue hundiendo. El barquero preguntó al joven:
-Señor, ¿sabes nadar?
-No –repuso el joven.
-Pues me temo, señor, que has perdido toda tu vida.

jueves, 17 de febrero de 2011

El último sitio donde se te ocurriría mirar


Un consumado ladrón de diamantes sólo quería robar las joyas más exquisitas. Este ladrón solía deambular por la zona de compraventa de diamantes para “limpiarle” el bolsillo a algún comprador incauto.
Un día vio que un comerciante de diamantes muy conocido había comprado la joya con la que él llevaba toda su vida soñando. Era el más hermoso, el más prístino, el más puro de los diamantes. Pleno de alegría, siguió al comprador del diamante hasta que éste tomó el tren, y se hizo con un asiento. Pasó tres días enteros intentando meter la mano en el bolsillo del mercader. Cuando llegó al final del trayecto sin haber sido capaz de dar con la gema, se sintió muy frustrado. Aunque era un ladrón consumado, y aun habiéndose empleado a fondo, no había conseguido dar con aquella pieza tan rara y preciosa.
El comerciante bajó del tren, y el ladrón le siguió. De repente, éste sintió que no podía soportar por más tiempo aquella tensión, por lo que caminó hasta el mercader y le dijo:
-Señor, soy un famoso ladrón de diamantes. Vi que había comprado aquel hermoso diamante y le seguí al tren. Aunque hice uso de todas las artes y habilidades de las que soy capaz, perfeccionadas a lo largo de muchos años, no pude encontrar la gema. Necesito conocer su secreto. Por favor, dígame cómo lo ha escondido.
El comerciante replicó:
-Bueno, vi que me estabas observando en la zona de compraventa de diamantes y sospeché que eras un ladrón. De modo que escondí el diamante en el único lugar donde pensé que no se te ocurriría buscarlo: ¡En tu propio bolsillo!
A continuación metió la mano en el bolsillo del ladrón y extrajo el diamante.

viernes, 4 de febrero de 2011

Las dos olas


Dos olas, una pequeña y la otra grande, se desplazan por el mar. De repente, la ola más grande ve la tierra aproximándose y se inquieta. Grita a la ola más pequeña: “¡Oh, no! ¡Ahí delante las olas están rompiendo y deshaciéndose! ¡Vamos a morir!”. Pero, por algún motivo, la ola pequeña no se siente alterada. Entonces la ola grande trata de convencerla, sin resultado. Finalmente, la ola pequeña dice: “¿Qué dirías que hay ocho palabras, y que si realmente las comprendes y te las crees verás que no hay razón para temer?” La ola grande protesta, pero a medida que la tierra firme se aproxima se siente desesperada. Está dispuesta a probar cualquier cosa:”Vale, de acuerdo, dime las ocho palabras”. “Bien”, dice la ola pequeña. “Tú no eres la ola, eres el agua”.

Ram Dass

jueves, 3 de febrero de 2011

El león




















En una ocasión, un león se acercó a un lago para poder calmar su sed. Al ir a beber, vio su rostro reflejado en las claras y espejadas aguas del lago, y se dijo a sí mismo: “¡Vaya! Este lago debe de ser de este león. Debo tener mucho cuidado con él”. Y, atemorizado, se alejó. Como tenía mucha sed, regresó al cabo de un rato y allí vio, al ir a beber, otra vez al león, por lo que huyó antes de probar la apetecible agua. ¿Qué hacer? El día era muy caluroso y la sed lo asfixiaba. Lo intentó de nuevo y al ver el rostro del león, rugió, pero entonces el león del lago también lo hizo, sintió pavor y salió corriendo. Apretaba cada vez más el calor y la sed era insufrible. Lo intentó varias veces y sucedió lo mismo. Estaba desesperado y tanta sed tenía que se dijo: “Da igual si muero al beber el agua, pero ya no puedo más”. Se acercó al lago y en el mismo vio al león, pero sin poder contenerse, metió de golpe la cabeza en el agua para saciar su sed y entonces, ¡milagro!, el león había desaparecido.

lunes, 31 de enero de 2011

El hombre iracundo


Era un hombre que, con frecuencia, padecía accesos de ira incontrolada, así que decidió ir a visitar a un sabio que vivía en la cima de una colina para que le aconsejara. Cuando llegó hasta el sabio le dijo:
-Tengo fuertes ataques de cólera y eso hace muy desgraciada mi vida y malogra mis relaciones con los demás. ¿Puedes ayudarme?
-Antes que nada –dijo el sabio-, es importante que quieras superar la ira, pero para aconsejarte mejor necesito que me la muestres.
-Pero ahora no tengo ira –dijo el visitante.
-Pues cuando tengas ira, ven a verme y así la veré.
El hombre volvió a su casa y días después fue asaltado por un acceso de ira, por lo que volvió a visitar al sabio.
-Bien, muéstrame la ira –dijo el sabio.
Sin embargo, durante el viaje se le había pasado.
-Ahora no la tengo. Ya se me ha ido.
-Es que has venido muy despacio. Cuando te sientas airado, ven más rápido.
Pasados unos días, el hombre sufrió otro fuerte ataque de cólera. Recordando la recomendación del sabio, comenzó a correr cuesta arriba hacia la cima de la colina. Llegó agotado hasta el sabio, pero la ira había desaparecido. El sabio le dijo:
-Esto no puede seguir así. Otra vez vienes a verme sin ira. Corre más rápido. Trata de subir más deprisa.
Cuando la cólera volvió a hacer presa del hombre de nuevo, salió en estampida hacia la cima de la colina para mostrársela al sabio. Al llegar, tras una penosa y extenuante ascensión, oyó que el sabio le decía:
-A ver, ¿dónde está la ira?
Ya no sentía ira. Esta operación se repitió varias veces. Por fin un día el sabio le dijo:
-Creo que me has engañado. Si la ira formara parte de ti, podrías enseñármela. Has venido una docena de veces y nunca has sido capaz de mostrarme la ira. Te atrapa en cualquier momento y con cualquier motivo y luego te abandona. No vuelvas a dejar que la ola de ira te envuelva. La ira no te pertenece.
El hombre no se dejó atrapar nunca más por la ira y así recobró la paz interior.

viernes, 28 de enero de 2011

Suéltalo


Un Brahmán le fue a pedir ayuda al Buda, presentándose con una ofrenda de flores en cada mano. “Suéltalo”, le instruyó el Buda y el Brahmán soltó las flores que llevaba en la mano derecha.
“Suéltalo” repitió el buda y el Brahmán soltó las flores que llevaba en la mano izquierda.
“Suéltalo” repitió el Buda y el Brahmán se quedó sin saber qué hacer.
“Suelta todo lo que hay en ninguna mano… sino en el medio”.
Al escuchar esto el Brahmán se marchó satisfecho.

Richard Lang

martes, 18 de enero de 2011

Preciosa historia sobre el Buda




El rey Bibimsala de Magadha decidió honrar la visita de Buda con un Festival de Luz. Las casas se pintaron de nuevo y las calles fueron engalanadas con guirnaldas de flores. Pero lo más hermoso de todo fueron las miles de lámparas de cobre alineadas en la calle principal, formando un fantástico túnel de luz por el que Buda iba a caminar.
En aquella ciudad vivía una dama anciana que, aunque era muy pobre, sin embargo era rica en su amor por Buda. Sólo poseía una vieja y agrietada lámpara de arcilla, y había hecho una mecha de un pedacito de su sari, pero no tenía dinero para comprar combustible para la misma. Un amable tendero se apiadó de ella y le ofreció el aceite suficiente para encender su lámpara, pero sólo durante un corto periodo de tiempo. Entusiasmada, ocupó su lugar al borde de la calle mirando expectante hacia las puertas por las que había de hacer su entrada aquél a quien ella tanto quería..
Cuando llegó el crepúsculo, Buda apareció seguido del séquito de sus discípulos, caminando silenciosamente con sus pies desnudos en la suave arena. La cara del rey despedía orgullo al contemplar el brillo de las lámparas a lo largo del camino. Pero su delicia se convirtió rápidamente en horror cuando una ráfaga de viento penetró a través de las puertas, extinguiendo todas las lámparas menos una, la agrietada lámpara de arcilla, cuidadosamente protegida del viento por una anciana.
El Buda se paró delante de ella. Cuando la anciana se arrodilló para recibir su bendición él dijo a sus discípulos: “Observad a esta mujer detenidamente. Nada puede extinguir su luz gracias al poder y la fuerza de su devoción. Mientras las disciplinas espirituales se practiquen con la clase de amor y dedicación que esta mujer tiene, la luz del mundo nunca se apagará”.

Mansukh Patel

domingo, 16 de enero de 2011

Si Él es encontrado ahora, Él es encontrado entonces


Si tus cadenas no son rotas mientras estás vivo, ¿qué esperanza de liberación hay en la muerte? Es como un sueño vacío, esperar que el alma se unirá con Él solo porque ha dejado el cuerpo. Si Él es encontrado ahora, Él es encontrado entonces: si no, solo irás a morar a la Ciudad de la Muerte.

Kabir

miércoles, 29 de diciembre de 2010

El samurai y el maestro zen


Un soldado llamado Nobushige fue a ver a Hakuin (un gran maestro zen) y le preguntó:
-¿Existe de verdad el paraíso y el infierno?
-¿Quién eres tú? –le preguntó Hakuin.
-Soy un samurai –le respondió el guerrero.
-¿Tú, un soldado? –exclamó con sarcasmo Hakuin-. ¿A qué clase de gobernador podrías proteger? ¡Si tienes cara de mendigo!
Nobushige se sulfuró tanto que empezó a desenvainar la espada, pero Hakuin prosiguió:
-¡Ah, así que tienes una espada! Tu arma es probablemente demasiado mala como para cortarme la cabeza.
Y en el momento que Nobushige la desenvainó, Hakuin le hizo la siguiente observación:
-¡Ahora estás abriendo las puertas del infierno!
Al oír estas palabras el samurai, captando la disciplina del maestro, enfundó la espada y se inclinó ante él.
-¡Ahora estás abriendo las puertas del paraíso! –le dijo Hakuin.

sábado, 25 de diciembre de 2010

El propósito del koan


Ninguno de los 1700 koans del Zen
tiene otro propósito
que el de hacernos ver nuestro Rostro Original

Daito Kokushi

lunes, 20 de diciembre de 2010

Ver en nuestra naturaleza Vacía


«Ver en nuestra naturaleza Vacía, Ver en Nada, esto es el ver verdadero, esto es el ver eterno». Shen Hui

martes, 14 de diciembre de 2010

Una anécdota del Buddha


Aquel día, el “Venerado del mundo”, acompañado de innumerables discípulos, acudió al pico de la Asamblea de los Buitres, que domina la ciudad de Rajagriha. En esta montaña sagrada, el Buddha ya había impartido sus enseñanzas más elevadas, como el Sutra del Loto de la Buena Ley, los Sutra de la Sabiduría Trascendente, y otros sutra más, todos ellos considerados como la parte esotérica de sus instrucciones. Aquella vez permanecía en silencio. Todos respetaban su recogimiento, pero los discípulos, que, confusamente, adivinaban que pronto iba a abandonarles, esperaban el último mensaje. No obstante, Shakyamuni guardaba silencio. Tomó una flor del ramo que acababan de ofrcerle y, con toda calma, daba vueltas a su tallo entre sus dedos. Los discípulos, desconcertados, se miraban unos a otros, pero, de repente, uno de los más cercanos, Kashyapa, comprendió y respondió con una sonrisa a la sonrisa de su Maestro. Saliendo de su silencio, el Bienaventurado proclamó:
“Tengo en mi posesión el Ojo del Tesoro de la Verdadera Ley (Dharma), la inefable y sutil visión del nirvana que abre la puerta de la visión de lo sin-forma, no depende ni de los escritos ni de las palabras y se transmite fuera de toda doctrina. Este Tesoro lo entrego al gran Kashyapa”. Desde aquel día, Kashyapa fue llamado por todos Mahakashyapa (el gran Kashyapa); a la muerte del Buddha, le sucedió a la cabeza de la comunidad (Sangha).

domingo, 21 de noviembre de 2010

Buda declara…


El sufrimiento existe por sí solo, pero no el que sufre;
la acción existe, pero no el hacedor;
el nirvana existe, pero no el que lo busca;
el camino existe, pero no el que avanza por él.

Buda

domingo, 31 de octubre de 2010

El templo silencioso


Shoichi era un maestro fuerte que brillaba en la luz de la iluminación. Enseñaba a sus discípulos en el templo de Tofuku.
Día y noche el templo en el que se alojaban permanecía en silencio. No había ningún sonido.
Shoichi abolió incluso la recitación de los sutras. Sus pupi.los no tenían nada que hacer salvo meditar.
Cuando el maestro murió, un antiguo vecino oyó el repicar de las campanas y la recitación de sutras. Entonces supo que el maestro había fallecido.

viernes, 15 de octubre de 2010

El niño y el forastero


El forastero estaba sentado tranquilamente en medio de la marea siempre cambiante del mercado matinal, tan tranquilamente que un niño, cuyo corazón estaba en paz, se fijó en él.
-Hola –saludó el niño.
-Buenos días –dijo el forastero, sonriendo amablemente.
¿De dónde eres? –preguntó el niño, sentándose junto a él.
-¿Qué te hace pensar que soy de otro lugar? –inquirió el forastero con un brillo en la mirada.
-Hay una luz diferente que brilla en ti –replicó el niño.
-¿Puedes ver esa luz? –preguntó el forastero, curioso.
-No con mis ojos –explicó el niño hablando bajito, como si estuviera compartiendo un secreto-, pero la siento.
-Ah –dijo el forastero, bajando también la voz-, la ves con tu corazón.
-Si –dijo el niño.
Se quedaron en silencio durante lo que pareció una eternidad. Entonces el niño alargó la mano y la colocó suavemente sobre el antebrazo del forastero.
-¿Puedes llevarme ahí?
-No –dijo el forastero, pero al estar aquí sentado y disfrutar tranquilamente de esta hermosa mañana, te estoy señalando el camino. Y, en cualquier caso –rió, colocando su brazo alrededor del hombro del niño-, no se puede llevar a alguien a un lugar en el que ya está.

Michael Brown

miércoles, 29 de septiembre de 2010

"El Triple Filtro" de Sócrates


En la antigua Grecia (469 – 399 AC), Sócrates era un maestro reconocido por su sabiduría. Un día, el gran filósofo se encontró con un conocido, que le dijo muy excitado:



- “Sócrates, ¿sabes lo que acabo de oír de uno de tus alumnos?”



- “Un momento” respondió Sócrates. “Antes de decirme nada me gustaría que pasaras una pequeña prueba. Se llama la prueba del triple filtro”.



- “¿Triple filtro?”?



- “Eso es”, continuó Sócrates. “Antes de contarme lo que sea sobre mí alumno, es una buena idea pensarlo un poco y filtrar lo que vayas a decirme.

El primer filtro es el de la Verdad. ¿Estás completamente seguro que lo que vas a decirme es cierto?".



- “No, me acabo de enterar y…”.



- “Bien”, dijo Sócrates. “Así que no sabes si es cierto lo que quieres contarme. Veamos el segundo filtro, que es el de la Bondad. ¿Quieres contarme algo bueno de mi alumno?”.



- “No. Todo lo contrario…”.



- “Con que” le interrumpió Sócrates, “quieres contarme algo malo de él, que no sabes siquiera si es cierto. Aún puedes pasar la prueba, pues queda un tercer filtro: el filtro de la Utilidad. ¿Me va a ser útil esto que me quieres contar de mi alumno?”



- “No. No mucho.”



- “Por lo tanto” concluyó Sócrates, “si lo que quieres contarme puede no ser cierto, no es bueno, ni es útil, ¿para qué contarlo?”.






Fuente: http://www.tuyaeresfeliz.com/

lunes, 27 de septiembre de 2010

Justo donde estás


Hallaj: No tengas miedo ni trates de unirte a mí. Tu camino es tu camino. No imites el mío. Encuentra tu camino.

Ibn Ata: ¿Cuándo, maestro?

Hallaj: Cuando percibas, tanto en medio de la multitud como estando solo, que desaparece la impaciencia y sepas dónde estás y dónde deberías estar.

Ibn Ata: ¿Dónde es eso, maestro?

Hallaj: En cualquier parte. Tus actos te lo dirán. Estarás ahí, presente, sin pensar que deberías estar en otro lugar.

Herbert Manson

lunes, 6 de septiembre de 2010

En busca de la verdad


Un hombre se dirige a un guru y le dice: “Enséñame la verdad”. El guru simplemente le contesta: “Tú eres Eso”. El hombre entonces piensa, “Vale, ya he oído eso antes”, y se marcha calle abajo en busca de otro guru que posea una verdad más grande. Encuentra después a otro que tiene cientos de devotos y que se parece más a lo que él cree que debe de ser un guru.
Entonces le dice al nuevo guru: “¿Me enseñarás la verdad?”
El guru le pregunta: “¿En qué otro sitio has estado buscando?”
El hombre le contesta que ha ido a ver al otro guru. El nuevo guru, que conoce al otro y sabe que tiene la comprensión, le dice: “Tendrás que servirme doce años antes de que puedas conocer la verdad”. “De acuerdo, estoy preparado para hacer cualquier cosa por la verdad”. Contesta el hombre.
El guru llama entonces al administrador de las actividades del ashram y le pregunta: “¿Qué trabajos quedan por hacer?”
“Bueno”, dice el administrador, “lo único que queda es recoger mierda de vaca”.
“De acuerdo”, dice el guru al recién llegado, “eso tendrás que hacer. Tendrás que recoger mierda de vaca durante doce años”.
Tras doce años de diligente trabajo, el buscador al fin se acerca al guru y le dice: “Maestro, te he servido fielmente durante doce años. ¿Podrías ahora enseñarme la verdad? El guru entonces le mira fijamente a los ojos y le dice: “Tú eres Eso”.

Swami Muktananda Paramahansa citado por “Sailor” Bob Adamson

domingo, 5 de septiembre de 2010

La tranquilidad absoluta es este momento presente


En este momento no hay nada que vaya a ser. En este momento no hay nada que deje de ser. Por tanto no hay nacimiento ni muerte a los que poner fin. Por esta razón la tranquilidad absoluta (del nirvana) es este momento presente.

Hui-Neng

domingo, 1 de agosto de 2010

La mente ordinaria es el camino


Joshu le preguntó a Nansen:
-¿Cuál es el Camino?
-La mente ordinaria es el Camino –contestó Nansen.
-¿Debo intentar buscarlo? –Inquirió Joshu.
-Si tratas de buscarlo, te separarás de él –respondió Nansen.
-¿Cómo puedo conocer el Camino a menos que intente hallarlo? –insistió Joshu.
Dijo Nansen:
-El Camino no es una cuestión de conocer o no conocer. Conocer es ignorancia; no conocer es confusión. Cuando alcances verdaderamente el verdadero Camino más allá de toda duda, lo descubrirás tan vasto e ilimitado como el espacio. ¿Cómo podría hablarse de él en términos de correcto o incorrecto?
Al escuchar esas palabras, Joshu experimentó una súbita realización.

domingo, 18 de julio de 2010

Un cuento para despertar


Joshu se inició en el estudio del Zen cuanto tenía sesenta años, y a la edad de ochenta comenzó a enseñar, labor en la que pasó muchos años más, pues llegó a una vejez extrema. Un estudiante le preguntó una vez:

-Si no tengo nada en mi mente, ¿qué debo hacer?

-Arrójelo fuera.

-Pero si no tengo nada, ¿cómo puedo arrojarlo?

-Bien – dijo Joshu – entonces, llévelo a cabo.

Revista despertar

lunes, 28 de junio de 2010

El día más pequeño es como la joya más grande


Un noble pidió a Takuan, un maestro zen, que le indicara alguna forma de pasar el tiempo. Sentía que sus días se le hacían demasiado largos en su despacho, sentado rígidamente para recibir el homenaje de otros.
Takuan escribió ocho caracteres chinos y se los dio al hombre

No habrá dos como este día.
El día más pequeño es como la joya más grande.
Este día no volverá.
Cada minuto vale lo que una joya sin precio.

domingo, 20 de junio de 2010

Samadhi silencioso


Cuando el Maestro Zen Shen-ts´an estaba preparándose para abandonar su vida, se afeitó su cabeza, se dio un baño e hizo repicar la campana del templo para reunir a la congregación y anunciar su partida.
Entonces preguntó:
-Hermanos, ¿comprendéis el samadhi silencioso?
Los asistentes le respondieron:
-No, no lo comprendemos.
El maestro les dijo:
-Escuchad en silencio sin albergar idea alguna.
Con la congregación tremendamente expectante por escuchar el samadhi silencioso, el maestro She-ts´an abandonó el mundo.

She-ts´an